Fragua de los peregrinos,
hunden todos sus pies de barro,
gigantes, molinos, columnas,
en tu fuego se anuncia el paso hacia el porvenir,
calor de los continentes alejandose lentamente,
sobre la esfera circula la niebla espesa,
esa niebla de augurio temible,
cada uno lleva su estigma, su silencio, sus atuendos,
en busca de la flor, fragua, en busca de la huida a otra vestidura,
unos van a la montaña, otros van de regreso al valle,
cada uno con mas preguntas que entonces.
Cuando sali de la caverna, vi el oceanico cielo,
rugia infernal el mar bajo mis pies de arbol,
comi frutos que ya no existen, eran los antiguos habitantes de las ramas,
fui nudo del roble, araucaria orgullosa haciendo bosque,
piedra volcanica de la fragua infinita, luz en la vastedad de la noche de un tiempo incontable, luciernaga dormida en la precordillera.
Tuve por padre al rio, cuyo mantra ordena todas las oraciones,
fui pajaro celeste en la espesura, liquen, aurora alada de rocio.
Fragua, martillo galopando el eco de la forma, alma del alma sobre la roca andina, ojos de hielo azul cantando lo eterno.
Fragua, vientre cosmico, copula magica de la poesia geometrica,
sacerdotisa del alquimista muerto en la hoguera de los castos y puros salvadores y su Dios asesino.
Fragua, canto de las edades, divina hacedora.
Alvaro

las imágenes de tu sentir son tantas que están disputándose los primeros planos de la emoción. Me ha encantado, como siempre, y me despido sólo por unos instantes, es que tu Poesía no tiene tiempo, no conoce reloj alguno.