Lejos tan lejos,
más halla de los desiertos púrpuras,
ostentando amarillos y rojos,
Lejos de mi fogón de ondulados cabellos,
cuyas llamas serpentean hacia el olimpo.


Así luzco hoy,
irrepetible,
pero aún soy onda expandiéndose en el cóncavo espejo.


Lejos de mi luna,
mas lejos,
huido de mi,
solo un reflejo.


Busco inquieto,
atribulado,
anárquico,
el final de tu blusa,
canta el pájaro de los confines la hora de los relojes.


Busco el pétalo que ostenta tu faz en la penumbra
y un loco despertador me llama a la fábrica.


Repito incendiado que volveré a encontrarte,
una braza me dice que me he extraviado.


Lejos, tan lejos.


Solo un aroma,
un vestigio de ti,
alguna evidencia elegante,
volveré a correr sobre la estepa,
de mis viejos lobos amotinados.


Huiré perdido hacia tus cráteres,
hacia tu cara más insondable,
allí donde tendimos la mesa de nuestros cafés más inconfesables.


Lejos,
tan lejos,
al final mismo de la lejanía,
donde se entiende que el fin,
es tu escoba barriendo el opus de cada día.


Silencio, despertares, aleteos, luz, trance, luciérnagas desatadas prodigándose.


Alvaro